Crónicas de un hombre atormentado (I)

9/05/2005


He visto cosas que jamás creeríais. He visto seres que no deberían existir. He visto el horror materializado en formas y aspectos indescriptibles.

Nada volverá a ser como antes. Nada.

...

Me llamo John.

No puedo decir que haya tenido una infancia fácil, pero tampoco difícil. Nunca nos faltó un trozo de pan, un techo y unas paredes a los que llamarles casa, o el cariño de un padre y una madre.

Vivíamos en Providence. Mi padre tenía unas tierras en Rhode Island que nos daban para comer y vivir dignamente, a pesar de la crisis agraria de finales del siglo XIX. Mi hermano y yo no teníamos aun edad para ayudar en las tareas de la pequeña hacienda. Mi hermano odiaba trabajar, siempre estaba trapicheando, y yo, dos años menor que él, repartía periódicos en el pueblo. El resto del tiempo nos dedicabamos a jugar. Hasta aquel fatídico día en que perdí a mi hermano.

Mi padre nunca se recuperó de aquello. Después de aquello nos trasladamos mi madre y yo a Boston, al amparo de mi abuelo Abraham y mi tio Matt, hermano de mi madre.

Nunca volveré a ver las cosas como antes. He conocido el otro lado.

En Boston estudié Ingeniería Industrial, aconsejado e influenciado por mi tio Matt, un inventor aficionado, que, entre otros artilugios de dudosa utilidad, inventó la plancha eléctrica.

Pero lo que a mí me gustaba era leer. Julio Verne y sus fantásticas historias. Arthur Conan Doyle (nobrado sir hace unos años) y su saga de relatos de Sherlock Holmes,...

Quizas por eso ahora soy escritor. Y no me fue del todo mal. Como usted sabrá, mi primera obra "El imperio pacificador" fue Best Seller del año y me hizo alcanzar cierta fama y una posición económica relativamente cómoda. Fiestas interminables, mujeres, reconocimiento... Luego escribí dos obras más ("La familia Venturini", y "Perdedor") con menor aceptación y tratadas despiadadamente por la crítica. Quizás no supe vivir con la fama, quizas no estaba preparado.

Llevo tres años en el dique seco, sin ideas, sin una buena historia que contar, hasta precisamente ahora.

Pero esto no puedo contarlo. Aun no.

Mi nombre es John Highfield. Sí, el escritor. Tengo 35 años y no sé cuánto más viviré.


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