Requiem, misa de difuntos para un viernes noche

3/31/2007

Como dije en otro blog, ya tocaba un poco de música clásica, en este caso el Réquiem KV.626 de Wolfgang Amadeus Mozart.

Para quien no esté familiarizado con la obra, se trata de la ultima composición del genio. La misa de Réquiem suele tocarse en el día de difuntos o tras la muerte de alguien. Mozart recibió el encargo de la misa por un inquietante desconocido que no quería ser reconocido y que pretendía apoderarse de la autoría de la obra, pero pagaba bien. Mozart, estando ya muy enfermo, aceptó el pedido, que de algún modo entendió como el Réquiem de su propia muerte. De hecho murió dejando la obra inacabada, terminando la tarea de forma más que aceptable su ayudante Süssmayr gracias a las anotaciones del Maestro (No fiarse de la película Amadeus, que sólo es eso, una peli. Salieri era una buena persona, de gran talento. Incluso fue maestro de gente como Beethoven, Schubert o Liszt).

La representación a la que he asistido ha sido interpretada por la orquesta sinfónica y coro de la cuidad de Minsk (Bielorrusia), en el teatro de El Ejido. No es el sitio más adecuado, ni probablemente la mejor orquesta posible, pero el directo siempre es agradecido. [sarcasmo on] Y para agradecido el público, que, enfervorecido, interrumpió la misa con aplausos a cada pausa de la obra hasta bien pasada la Lacrimosa. [sarcasmo off]

No soy un entendido de música clásica, pero bueno, de ignorantes está la blogosfera llena. Me sonaron bastante bien, con un Señor ten piedad (Kyrie Eleison) en modo turbo apasionante (que fugas!).

Como siempre que escucho el Réquiem me pasan dos cosas: La primera es ver dónde falla el del trombón. En esta caso sólo falló en la penúltima nota del Tuba mirum (lástima!, casi). La segunda es la sensación de que Mozart se muere en el preciso instante en que suena Lacrimosa (sólo pudo escribir los primeros compases).

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